El legado de lo natural
Un santuario de 13.637 m² entre dos aguas propias,
a 60 minutos de Bogotá.
Buscamos una sola familia.
San Francisco, Cundinamarca
No somos una inmobiliaria. Somos la familia que encontró este lugar y decidió cuidarlo. Desde 2012 lo buscamos. Desde 2018 lo sembramos.
Hoy el bosque ya no nos necesita.
Seis años recorriendo montañas de Cundinamarca buscando un punto con agua propia, altura templada y sin vecino de por medio.
Apareció donde el río y la quebrada se abrazan. Ese mismo año firmamos y empezó la siembra.
Árboles exóticos y frutales, del eucalipto arcoíris al mandarino. El suelo retiene el agua, las aves volvieron y el bosque se sostiene solo.
Usted no compra tierra. Recibe un bosque maduro.
La espera ya la vivimos nosotros.
Lo que ya vive aquí
El tiempo ya está invertido: ocho años de siembra que el dinero no acelera, y senderos de piedra que ya se caminan bajo una sombra que ya existe. El agua es el lindero: un río y una quebrada que corren todo el año, un límite que nadie puede mover. La colección se escogió árbol por árbol: eucaliptos arcoíris, pinos Michoacán, ahuehuetes, gualandayes morados, jabuticabas, frutas milagrosas, ceibas, guaduales y bosque nativo, cada uno en su lugar. Y el huerto: naranjos, mandarinos, mangos, limoneros, limas, guayaba manzana y achotes. A 1.350 metros el clima no pide nada: se almuerza afuera en enero y se duerme con la ventana abierta en julio.
La invitación
Ocho preguntas, tres minutos. No pedimos documentos: pedimos saber qué busca y para qué lo imagina.
Leemos cada aplicación con calma. Si hay afinidad, le escribimos dentro de las siguientes 48 horas, desde el número de la marca.
A las ocho de la mañana, cuando hay niebla y el agua suena más. Dos horas, sin carpeta y sin cifras en el terreno. Se camina, no se presenta.
El valor del santuario es de $1.250.000.000 COP. Una sola escritura.